Yo creo que esta frase (el título de este post) es la que más caras de espanto, risa y estupefacción han producido, de entre las que he dicho en este país (recuerdo la cara que puso el conductor de un programa de radio de la cadena SER que me entrevistó el año pasado cuando le desee “feliz día de muertos” jajajaja
).
Y es que en México la cosa es así……le lloramos a los que han muerto, como es natural, pero nuestra cultura nos ha legado la idea de que se fueron a otro lugar, no están muertos del todo, nos miran, comparten nuestra vida y los tenemos a nuestro lado siempre que los llamamos.
Comprendo, hoy que vivo tan lejos y rodeada de personas con tradiciones diferentes, que les cause asombro mi frase, mi forma de ver la vida y la muerte y nuestra ancestral forma de celebrarla.
Para los que no tienen idea les contaré.
Celebrar a nuestros muertos en México es una costumbre relacionada con el ciclo agrícola tradicional. Los indígenas hacían una gran fiesta en la primera luna llena del mes de noviembre, para celebrar la terminación de la cosecha del maíz. Ellos creían que ese día los difuntos tenían autorización para regresar a la tierra a celebrar y compartir con sus parientes vivos los frutos de la madre tierra.
Para los aztecas la muerte no era el final de la vida, sino simplemente una transformación. Creían que las personas muertas se convertirían en colibríes, para volar acompañando al sol, cuando los dioses decidieran que habían alcanzado cierto grado de perfección.
Mientras esto sucedía, los dioses se llevaban a los muertos a un lugar al que llamaban Mictlán, que significa “lugar de la muerte” o “residencia de los muertos” para purificarse y seguir su camino.
Los aztecas no enterraban a los muertos sino que los incineraban. La viuda, la hermana o la madre, preparaba tortillas, frijoles y bebidas. Luego de comprobar que no faltara nada al fin prendían fuego y mientras las llamas ardían, los familiares sentados aguardaban el fin, llorando y entonando tristes canciones.
Las cenizas eran puestas en una urna junto con un jade que simbolizaba su corazón. Además, se enterraban con el muerto provisiones para su viaje y ofrendas para que las diera a su llegada a los dioses dueños del Mictlán. Una cosa interesante es que se tenía la seguridad de que al llegar a ese lugar los muertos llevarían una vida similar a la que tenían en este mundo y por eso se les enterraba con sus herramientas de trabajo. Si la persona era noble, se le ponía una piedra preciosa llamada chalchihuitl (jade) y se sacrificaban con él esclavos para que le sirvieran en el otro mundo (ya sé, horrible no?).
Cada año, en la primera noche de luna llena en noviembre, los familiares visitaban la urna donde estaban las cenizas del difunto y ponían alrededor el tipo de comida que le gustaba en vida para atraerlo, pues ese día el muerto tenía permiso para visitar a sus parientes que habían quedado en la tierra (idea que prevalece hasta nuestros días).
El difunto ese día se convertía en el “huésped ilustre” a quien había que festejar y agasajar de la forma más atenta. Ponían también flores de Cempazúchitl, que son de color anaranjado brillante, y las deshojaban formando con los pétalos un camino hasta el templo para guiar al difunto en su camino de regreso a Mictlán.
La llegada de los muertos es una fiesta de alegría y evocación donde el llanto o el dolor no existen porque no es motivo de tristeza la visita de los difuntos. La exagerada hospitalidad de nosotros los mexicanos es proverbial y aún más si los visitantes son nuestros parientes ya fallecidos. Hay que deleitarlos y dejarlos satisfechos con todo aquello que es de su mayor agrado y asombro, y entre esas cosas está la comida!!.
Los misioneros españoles al llegar a México aprovecharon esta costumbre, para comenzar la tarea de la evangelización a través de la oración por los difuntos.
La costumbre azteca la dejaron prácticamente intacta, pero le dieron un sentido cristiano: la festividad del Día de Muertos se divide en dos partes. Una destinada a los niños o “angelitos” o “muertos chiquitos” (31 de octubre y 1 de noviembre) y la de los adultos (1 y 2 de noviembre).
Por otra parte los aztecas fabricaban calaveras de barro o piedra y las ponían cerca del altar de muertos para tranquilizar al dios de la muerte. Los misioneros, en vez de prohibirles esta costumbre pagana, les enseñaron a fabricar calaveras de azúcar como símbolo de la dulzura de la muerte para el que ha sido fiel a Dios.
Otra tradición que se fusionó es la de las “calaveras”. Los primeros misioneros pedían a los indígenas que escribieran oraciones por los muertos en los que señalaran con claridad el tipo de gracias que ellos pedían para el muerto de acuerdo a los defectos o virtudes que hubiera demostrado a lo largo de su vida.
Estas oraciones se recitaban frente al altar y después se ponían encima de él. Con el tiempo esta costumbre fue cambiando y ahora se escriben versos llamados “calaveras” en los que, con ironía, picardía y gracia, hablan de la muerte.
Yo les estoy hablando de cosas del pasado y ustedes podrán pensar que se han perdido con el tiempo, pero no, nada de eso. Hoy muchísimas familias están preparando (sino es que ya está montado) su altar de muertos (cocinando, comprando flores, armando el altar, sacando los objetos más queridos de su muerto, etc.), todo dedicado a sus parientes y amigos fallecidos.
Lo de altar de muertos suena fatal, lo sé ahora, pero para nosotros es una cosa muy común, un altar es un sitio que se prepara en casa (ahora también en las escuelas, las oficinas públicas…) para honrar a nuestros muertos.

Todo altar que se precie de serlo debe tener 7 escalones y cada escalón tiene un significado y debe contener ciertos objetos en específico:
· Primer escalón se pone la foto del santo o virgen de la devoción.
· Segundo escalón es para las ánimas del purgatorio.
· Tercero se pone la sal para los niños del purgatorio.
· Cuarto se pone pan llamado “pan de muerto”, este pan es adornado con azúcar roja que simula la sangre, se recomienda que el pan sea hecho por los parientes del difunto, ya que es una consagración.
· Quinto se pone la comida y la fruta que fueron los preferidos por el difunto.
· Sexto se pone la foto del difunto a quien se dedica el altar y sus objetos más queridos.
· Ultimo se pone la cruz de un rosario hecho de tejocote y limas.
La foto que ven es del altar que la Asociación de Mexicanos en Andalucía montó hace un año (o dos?) en el Museo de la Cartuja.
Bien, ya saben en el altar hay comida de verdad, comida que degustarán los muertos que tienen permiso para compartir con nosotros un día del año. En el caso de los niños, quienes llegarán primero, la comida que se ofrendará será sin picante, acompañada con refrescos, atole, chocolate, café y el tradicional pan de muerto, este en su generalidad tiene forma humana, además se pondrán frutas, elotes hervidos o asados; dulces, por lo general con figuras de animalitos o angelitos, vasos con agua, veladoras y/o velas encendidas.
Las ofrendas destinadas a los adultos no variarán mucho, pero los alimentos ahora contendrán picante y serán acompañados con bebidas alcohólicas: aguardiente, mezcal, tequila, cervezas o brandy, además de refrescos y cigarros (si el difunto fumaba en vida).
Tenemos la creencia de que los muertos vienen y se van, pero la cosa no acaba ahí, no que va! Luego hay que ir al cementerio.
Uno de los aspectos más importantes de esta tradicional fiesta es la visita al panteón para arreglar las tumbas de nuestros muertos, pues las almas de los difuntos retornan a su lugar. El bullicio que se forma es impresionante, gente con escobas limpiando, con machetes cortando maleza, familias con cubetas de agua lavando las lápidas y en algunos lugares como la isla de Pátzcuaro el festejo en el cementerio es una tradición súper importante, imaginen la isla esa noche, se ve iluminada por las veladoras puestas en todas las tumbas y en la oscuridad se escuchan las bandas de música del pueblo, los mariachis o los tríos.

En fin, los mexicanos hablamos de la muerte de manera jocosa e irónica, la llamamos “calaca”, “huesuda”, “dentona”, la “flaca”, la “parca”. Al hecho de morir le damos definiciones como “petatearse”, “estirar la pata”, “pelarse”…. Estas expresiones nos permiten jugar y en tono de burla hacer refranes y versos. En nuestros juegos están presentes las calaveritas de azúcar o recortes de papel, esqueletos coloridos o piñatas de esqueletos.
Recuerdo que cuando era niña pedía Haloween y me disfrazaba, pero luego debido a una importante iniciativa del gobierno mexicano hubo un cambio en la dinámica escolar, se decide dar prioridad a lo mexicano, y por el fuerte interés de la comunidad por sus raíces esta festividad vive una “resurrección” en la que se le privilegia por sobre otras fiestas cercanas como Día de brujas o Día de acción de gracias, que durante un tiempo, fueron celebradas por mucha gente. Hoy en día en las escuelas promueven la organización de altares de muertos:
http://www.periodismoelectronico.com/?c=117&a=5523
http://www.elporvenir.com.mx/notas.asp?nota_id=93995
Y en los periódicos se pueden leer titulares de este tipo:
“La ciudad se prepara para guiar a sus muertos al mundo de los vivos”
“Para el habitante de Nueva York, Paris o Londres, la muerte es palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios. El mexicano, en cambio, la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente. Cierto, en su actitud hay quizá tanto miedo como en la de los otros; mas al menos no se esconde ni la esconde; la contempla cara a cara con paciencia, desdén o ironía”.
Octavio Paz

Así que Don Francisco Zapata conde de Barajas, asistente de la ciudad, desecó la laguna y la convirtió en un paseo. El lugar se pobló de árboles en 1578, se organizó con grandes avenidas, en las que se instalaron tres fuentes, y se adornó con dos esbeltas columnas, sobre las que se situaron esculturas de Hércules (Fundador de Sevilla) y Julio César (Restaurador de Hispalis).

Además, en uno de sus extremos se encuentra el 


Ah! por cierto, tengo una observación que hacer, aunque está escultura podría pasar perfectamente por llamarse Darth Vader (como homenaje a la Guerra de las Galaxias), lo cierto es que se llama Lydia
Como les he dicho la Alameda es muy peculiar……hasta venden batidos de……aguacate!! (y eso a qué sabe?)

La apatía es la falta de