He andado bien perdida últimamente pero no me he olvidado del Buen Pre-texto
Gracias a Mony vi el video que les pongo y leí del tema del Amero, la verdad es que no sé qué pensar, se los dejo para que saquen sus propias conclusiones.
He andado bien perdida últimamente pero no me he olvidado del Buen Pre-texto
Gracias a Mony vi el video que les pongo y leí del tema del Amero, la verdad es que no sé qué pensar, se los dejo para que saquen sus propias conclusiones.
Con esta historia termino la ‘trilogía’
Las personas que hemos venido a España tenemos la mitad del camino hecho al hablar castellano. Si bien es cierto que los problemas de comunicación son casi los mismos que los que tienen los que emigran a países con otros idiomas, al menos podemos esforzarnos y terminar siendo comprendidos.
Recuerdo las primeras conversaciones que tuve con Ángel ‘en vivo y en directo’, resultaban desesperantes porque a cada frase, con cada término, nos veíamos obligados a explicarnos qué queríamos decir, qué significado le dábamos a esa palabra y tratando de ‘uniformar’ el tono (sigo pensando aún hoy, que los españoles hablan muy ‘golpeado’).
No puedo ni imaginar lo que deben pasar las personas que vienen de lugares donde su idioma no tiene absolutamente nada en común con el nuestro. El esfuerzo es doble o triple porque el no poder comunicarse debe ser realmente deprimente y frustrante. Al hecho de tener que adaptarse a una nueva vida hay que sumarle el que hay que aprender castellano y mientras más pronto lo hagas mejor, porque evitarás terminar aislado. Tremendo, no lo puedo imaginar.
3/3. Aprender para integrarse
Simona llegó de Europa del Este a España sin conocer a nadie, vino porque en su país se corrió el rumor de que en España había mucho trabajo y el gobierno estaba dando papeles a todo el mundo. Cuando llegó se encontró que aquello no era del todo cierto y se vio obligada a mendigar para sobrevivir. No hablaba español, así que nunca se enteró de que muchas personas le decían que se acercara a alguna asociación o a los albergues.
Uno de tantos días conoció a un chico de su país, Nicolae trabajaba de albañil, vivía con sus hermanos en un piso de alquiler y no podía quejarse mucho porque su realidad había sido muy distinta a la de Simona. Los tres hermanos eran huérfanos y al venir a España habían encontrado trabajo rápidamente en la construcción. Nicolae como era el mayor había asumido su responsabilidad como cabeza de familia y era quién aportaba más en la casa, obligaba a sus hermanos a trabajar sólo medio tiempo y el resto del día a ir a la escuela, aprender español y continuar los estudios comenzados en su país. La buena actitud de Nicolae había hecho que se adaptara rápidamente a la nueva vida y aunque mantenía un estrecho contacto con sus paisanos, se obligaba a si mismo a entablar amistad con españoles que le ayudaban a mejorar su adaptación.
Muy pronto Simona y Nicolae decidieron vivir juntos y como pasa en casi todas las parejas, las decisiones comenzaron a ser consensuadas. Las mujeres por naturaleza tienden a organizar a las familias, en un grupo de hombres se nota muchísimo la presencia femenina y en este caso fue así. Simona comenzó a ejercer de matriarca y se preocupaba por Nicolae y sus hermanos. La casa ahora parecía más limpia y ordenada, las comidas eran mejores y la economía también comenzó a sufrir cambios. En esa casa ya no se gastaba más de lo debido en alcohol, ya había pan en la alacena y se ahorraba en la luz. Nicolae se lo agradecía enormemente a Simona, pero sus hermanos no.
A pesar de ser una buena chica Simona tenía un gran defecto, su renuencia a adaptarse a España. Vivía añorando volver a su país y sus únicas amistades eran de Europa del Este. A ella no le interesaba aprender español y por más que Nicolae insistía y trataba de enseñarle las cosas básicas, Simona se negaba.
Un día, el jefe de Nicolae le dijo que tenían un contrato muy bueno en una ciudad que estaba a 5 horas de distancia de su casa, le ofrecía un sueldo buenísimo y Nicolae no lo pudo rechazar, como acordó con su jefe que de lunes a viernes compartiría piso con otros trabajadores, le fue imposible llevarse a Simona con él. Cada viernes volvía a su casa donde lo esperaban sus hermanos y Simona.
La convivencia de los chicos y Simona iba cada vez peor porque no sólo era la ‘guardiana’ sino que además también era su administradora y eso no gustó nada, pero como lo había ordenado Nicolae, tuvieron que aceptar.
Durante varios días los hermanos idearon un plan sencillo pero a sus ojos infalible y lo llevaron a cabo. Una tarde que llegaron de la escuela le dijeron a Simona que les había llamado Nicolae para avisarles que por fin había podido alquilar un piso sólo para ellos dos (Simona y Nicolae) y que quería que esa misma noche llevaran a Simona a la central de autobuses, que le compraran el pasaje y que él estaría esperando en la otra ciudad.
Simona contentísima arregló su maleta y dejó que la llevaran a la central. No entendió nada de lo que los chicos dijeron en la taquilla de boletos, no entendió nada cuando la señora que iba a un lado suyo quiso hacer conversación, tampoco entendió la ciudad de destino que aparecía en la pantalla del autobús.
Viajó toda la noche y al amanecer vio que los pasajeros se bajaban y los imitó, bajó del autobús buscando a Nicolae pero ahí no había nadie, caminó por el andén y no estaba, se sentó a esperar y esperó, esperó, esperó y Nicolae nunca llegó por ella. Angustiada y asustada trataba de hablar con la gente, quería decirles lo que le pasaba, que no tenía dinero pero que deseaba llamar a Nicolae, pero tampoco sabía cómo decir los números en castellano. Así se hizo de noche.
Las calles aledañas a las centrales de autobuses son todas iguales en cualquier lugar. Los indeseados encuentran cobijo en esas zonas de las ciudades y en el ambiente se siente la tensión al caer la noche. Simona lo sabía y lo sintió. Durante toda la noche estuvo angustiada tratando de escapar de los borrachos que la acosaban, buscaba a toda costa la luz de los faroles para sentirse menos asustada, quería entrar a la central pero los guardias no la dejaban porque trataban de evitar que eso se convirtiera en una albergue improvisado de mendigos y drogadictos. Simona deseó con todas sus ganas poder hablar castellano, trataba de recordar cómo se decía: me llamo Simona y vivo en Sevilla.
Con las pocas monedas que logró conseguir se compró un bocadillo, lo comía de poquito a poquito y saboreando hasta la más pequeñita de las boronas. Durante todo el tiempo que estuvo en la central puso atención y ensayó la palabra Sevilla y dos días después, cuando vio de nuevo al chófer que la había traído, se le acercó llorando desesperadamente diciendo: Sevilla! Sevilla!. El hombre al principio no sabía qué estaba pasando pero detrás de esa cara descompuesta y sucia reconoció a la chica que dos días atrás había traído. Como pudo el hombre le explicó que necesitaba un boleto para subirse y que sin él no podía llevarla de regreso. Mientras los demás pasajeros subían al autobús Simona lloraba más desconsoladamente hasta que solidario, el chófer, la metió sin que su supervisor lo viera.
Simona llegó a Sevilla, bajó del autobús y se lo agradeció al conductor. No conocía muy bien la ciudad pero le tranquilizaba que muchas de sus calles le resultaban familiares y así, caminando y a punto de desmayarse, llegó a casa de una de sus amigas. Le contó todo lo que había pasado e inmediatamente la amiga se dio cuenta de lo que había detrás. Desde ahí Simona le llamó a Nicolae que para ese momento ya estaba al borde de la histeria pensando que ella lo había abandonado, porque cuando llamó a su casa sus hermanos le habían dicho que ella había cogido sus cosas y se había ido sin decir a dónde iba, ni por qué se estaba yendo.
Ella le contó todo y le dijo que no iría a la casa hasta que él regresara. El viernes llegó y Nicolae no tardó en presentarse en casa de la amiga de Simona, no podía creer lo que le había contado, sus hermanos eran buenos chicos y no los creía capaces de hacer una cosa tan horrible, pero no tuvo más remedio que dar crédito a las palabras de Simona.
Los hermanos de Nicolae se asustaron al verlo aparecer ese viernes en casa con Simona a un lado, hubo reproches, gritos, llantos y disculpas que Simona aceptó de dientes para afuera. Nicolae había decidido que no podían vivir juntos y que ese tiempo sin saber nada de ella le había aclarado las ideas. La pareja se quedaría en el piso y los dos hermanos tenían una semana exacta para buscar un piso para ellos, algo que pudieran pagar con sus sueldos.
Simona entró a clases de español, comprendió que con su aislamiento la única perjudicada era ella.
Las relaciones entre las personas siempre resultan complicadas, una pareja que se conozca de años, que tengan más o menos la misma educación, la misma cultura, creencias y valores, puede resultar un desastre. Nada garantiza que una relación sea exitosa. Estas historias que he contado con seguridad se repiten en todos los países, mi intención al contarlas, como dije al principio, es tratar de comentar cómo las complicaciones se multiplican al estar lejos de tu país.
Cuando uno emigra con la firme intención de formar una pareja debe tener siempre un ‘plan de contingencia’, debe saber cuáles son sus derechos y sus obligaciones en ese país, informarse de trámites legales, entablar amistades, tener en una agenda los teléfonos de personas a las que puede acudir en caso de necesidad, además, tener un dinerito guardado para emergencias y nunca dejar que el corazón nuble la razón, eso es lo más difícil supongo yo, pero desde luego lo más aconsejable, si no, que se lo pregunten a esta tres chicas.