Siempre he admirado a las personas que sin ningún tipo de pudor dicen a la cara las verdades por muy crudas y violentas que éstas sean, por eso cuando leí el discurso que el fotógrafo Gervasio Sánchez había dicho en una ceremonia donde se le premiaba, me quedé asombrada y sorprendida.
Esta historia no es nueva pero sí actual porque habla de la doble moral de la sociedad española (bueno, de una parte de ella). El diario El País convoca anualmente los Premios Ortega y Gasset, en 2008 premiaron la valentía del periodismo de investigación, la lucha en favor de la libertad de expresión y la denuncia de los horrores de la guerra.
Ya de paso les cuento que en esta ceremonia recibieron un premio la serie de reportajes de investigación sobre la pederastia clerical en México, der Sanjuana Martínez en el diario La Jornada, (premio en la categoría de Periodismo Impreso) y que el premio a la mejor Trayectoria Profesional lo recibió la revista Zeta, de Tijuana, que desde hace casi treinta año denuncia la corrupción y el tráfico de drogas en el norte de México.
Bueno, volviendo a Gervasio Sánchez que en este acto lleno de políticos y gente importantísima de la comunicación española había sido galardonado con el premio a la mejor fotografía por una instantánea que retrata el horror de la guerra en Mozambique (por su fotografía titulada Sofía y Alia y publicada en El Heraldo de Aragón y en Magazine, el suplemento dominical de La Vanguardia) tuvo el valor de decir lo siguiente:
Estimados miembros del jurado, señoras y señores:
Es para mí un gran honor recibir el Premio Ortega y Gasset de Fotografía convocado por El País, diario donde publiqué mis fotos iniciáticas de América Latina en la década de los ochenta y mis mejores trabajos realizados en diferentes conflictos del mundo durante la década de los noventa, muy especialmente las fotografías que tomé durante el cerco de Sarajevo.
Es un gran honor porque varios de mis mejores amigos a los que respeto profesionalmente pertenecen a la plantilla de este diario. Queridos Ramón Lobo, Guillermo Altares, Miguel Ángel Villena, Jorge Marirrodriga, Francesc Relea, Miguel Gener, Alberto Ferreras, Gorka Lejarcegui, incluso tú querido Alfonso Armada, a los que he nombrado y a los que tengo en mi mente, a todos vosotros que me apoyasteis en los momentos más duros os dedico este premio de todo corazón.
Quiero dar las gracias a los responsables de Heraldo de Aragón, del Magazine de La Vanguardia y la Cadena Ser por respetar siempre mi trabajo como periodista y permitir que los protagonistas de mis historias, tantas veces seres humanos extraviados en los desaguaderos de la historia, tengan un espacio donde llorar y gritar.
No quiero olvidar a las organizaciones humanitarias Intermon Oxfam, Manos Unidas y Médicos Sin Fronteras, la compañía DKV SEGUROS y a mi editor Leopoldo Blume por apoyarme sin fisuras en los últimos doce años y permitir que el proyecto Vidas Minadas al que pertenece la fotografía premiada tenga vida propia y un largo recorrido que puede durar décadas.
Señoras y señores, aunque sólo tengo un hijo natural, Diego Sánchez, puedo decir que como Martín Luther King, el gran soñador afroamericano asesinado hace 40 años, también tengo otros cuatro hijos víctimas de las minas antipersonas: la mozambiqueña Sofia Elface Fumo, a la que ustedes han conocido junto a su hija Alia en la imagen premiada, que concentra todo el dolor de las víctimas, pero también la belleza de la vida y, sobre todo, la incansable lucha por la supervivencia y la dignidad de las víctimas, el camboyano Sokheurm Man, el bosnio Adis Smajic y la pequeña colombiana Mónica Paola Ojeda, que se quedó ciega tras ser víctima de una explosión a los ocho años.
Sí, son mis cuatro hijos adoptivos a los que he visto al borde de la muerte, he visto llorar, gritar de dolor, crecer, enamorarse, tener hijos, llegar a la universidad.
Les aseguro que no hay nada más bello en el mundo que ver a una víctima de la guerra perseguir la felicidad.
Es verdad que la guerra funde nuestras mentes y nos roba los sueños, como se dice en la película Cuentos de la luna pálida de Kenji Mizoguchi.
Es verdad que las armas que circulan por los campos de batalla suelen fabricarse en países desarrollados como el nuestro, que fue un gran exportador de minas en el pasado y que hoy dedica muy poco esfuerzo a la ayuda a las víctimas de la minas y al desminado.
Es verdad que todos los gobiernos españoles desde el inicio de la transición encabezados por los presidentes Adolfo Suarez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero permitieron y permiten las ventas de armas españolas a países con conflictos internos o guerras abiertas.
Es verdad que en la anterior legislatura se ha duplicado la venta de armas españolas al mismo tiempo que el presidente incidía en su mensaje contra la guerra y que hoy fabriquemos cuatro tipos distintos de bombas de racimo cuyo comportamiento en el terreno es similar al de las minas antipersonas.
Es verdad que me siento escandalizado cada vez que me topo con armas españolas en los olvidados campos de batalla del tercer mundo y que me avergüenzo de mis representantes políticos.
Pero como Martin Luther King me quiero negar a creer que el banco de la justicia está en quiebra, y como él, yo también tengo un sueño: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte.
Muchas gracias.
Con el ojo cuadrado me quedé.
La mañana del Día de Reyes Ángel y yo recibimos de regalo, entre otras cosas, dos entradas para ir al teatro a ver
Emocionada con la primera obra del año, no quise investigar de qué iba la historia, quería ir totalmente abierta a cualquier estilo de teatro,
Días sin escribir y un día…….sopas!, dos entradas, pero es que no podía dejar pasar el día de hoy sin decir nada de uno de mis escritores favoritos. Todavía recuerdo el escalofío que sentí cuando acabé de leer ‘El gato negro’, hoy, después de muchos años de esto, no tengo el valor de leerlo estando sola, bueno ni ese ni ‘El corazón palpitante’, ni ‘El barril de amontillado’, ni ‘El pozo y el péndulo’…….
Como cada año en diciembre me hice el examen médico que la empresa me pide y por segundo año consecutivo el colesterol me salió muy alto, la primera vez que me lo dijeron pasé del tema sin preocuparme, más bien por ignorancia que por otra cosa, después investigué y ahí sí que me alarmé.
El último año que Ángel estuvo en Victoria salió con Miguel de excursión por la región de
La Bocatoma está en Gómez Farías, Tamaulipas, es un poco confuso recordar cuántas veces vimos el anuncio con ese nombre en la carretera porque existe una Bocatoma con 6 habitantes, luego existe un ejido con ese nombre y luego rumbo a Gómez Farías aparecía otro, no puede ser el mismo creo yo, pero concretamente Ángel inisitía en que el lugar debía decir Bocatoma II. Preguntamos a unas personas que estaban en la carretera y nos indicaron cómo llegar, el camino no podía ser más desolador, sin pavimentar, lleno de piedras y polvo, todo seco y nada que nos hiciera imaginar una jungla paridisíaca jaja
Por lo que sabemos el restaurante Bocatoma II es muy conocido, hay gente de Victoria que sólo va a comer y se regresa (son cerca de 2 horas de camino) pero ahora sabemos por qué. Se come de lujo, puedes ver las lagunitas de donde sacan los pescados que te comes, no es nada caro y además tienes mucho con qué divertirte luego de comer.
Foto aquí, foto allá, Claudia mueve el flash, Chuy pon la pantalla hacia acá, Norma sigue grabando, Gaby el velo por favor…. en fin, que después de un trabajo bien hecho viene la recompensa, en este caso fueron camarones rancheros, al mojo de ajo, en coctel, empanizados, langostinos, pescado a la parrilla y no se cuántas cosas más
Efectivamente ahí estaba, no puedo explicarles el lugar, es simplemente precioso, el agua azul, cristalina, el sonido del agua llegando desde una cascadita, las piedras en lo alto como si fuera aquello un pequeño sumidero, la plantas, la ranquilidad, la humedad……..
A mitad de mes viajamos a México el viaje de ida fue horrible gracias a IBERIA (cientos de personas estarán de acuerdo conmigo). Habíamos comprado un vuelo completo con Continental Airlines pero no contamos con la astucia de éstos impresentables y salieron con que el primero de los vuelos era operado por Iberia (o más bien desoperado). Unos días antes empezamos a ver en las noticias que la gente se estaba quedando sin volar gracias a una huelga encubierta de los pilotos. Estuvimos monitorizando el vuelo que salía a la misma hora que el nuestro (Sevilla-Madrid) y todos estaban siendo retrasados o de plano cancelados, con lo que nos vimos en la necesidad de comprar un boleto del AVE y no perder el vuelo internacional.
Hasta aquí la falta de seriedad de esta aerolínea nos había hecho gastar en un vuelo que no tomamos (no íbamos a arriesgarnos a perder el vuelo internacional por su culpa) a pagar un tren que no teníamos contemplado, a pagar un tren de cercanías al aeropuerto, a perder una reserva de hotel en McAllen y a desembolsar todos los gastos extras….taxis, comidas en los aeropuertos…etc.