Llegamos a Frankfurt a las 11 de la mañana de un día laboral y de tráfico fluido, al entrar me llamó la atención la mezcla de edificios nuevos, antiguos, rostros diferentes, cochazos, tranvías de aspecto viejo y verde, muchas áreas verdes por todos.
El hotel fue fácil de localizar gracias a nuestro preciado GPS (no salga sin él), se encontraba entre el Römer y Hauptwache, un sitio cercano a muchos de los lugares que estábamos interesados en visitar. Yo tenía más fe en este hotel que en el de Sohren, sin embargo, me equivoqué, no era un mal hotel, pero habían dicho que tenía internet (requisito indispensable para Ángel), pero jamás hubo conexión, el baño era muy incómodo por la ubicación de la regadera, la cama estaba hundida justo de mi lado y el buffet de desayuno era malísimo (bueno, eso lo pensamos nosotros pero un matrimonio hindú con el que siempre coincidimos parecían disfrutarlo enormemente jajaja), para la gente que como nosotros le da a los hoteles la importancia justa, uno de 3 estrellas o como muncho 4 estrellas en oferta (ja!), está bien, ya que lo queremos para dormir, bañarnos y desayunar, peeeeeeero si esas tres cosas no van bien, entonces el hotel no gusta. Conclusión?, pues no reserven en él, no vale la pena, el hotel se llama Ambassador.
Visitamos el Römer, la calle Zeil, la Catedral, la torre Main y todos los lugares que te sugieren las guías y que previamente habían pasado la autorización de Claudia (si tienes un amigo en la ciudad, no hay mejor consejero turístico!), pero debo decir que ese día disfrutamos mucho la visita al mercado Kleinmarkthalle al que llegamos por casualidad.
El mercado es una pequeña joya, caminar por sus ordenados pasillos es todo un descubrimiento de olores, sabores y colores del mundo, tienen una pequeña muestra de cada continente y no podía faltar mi México
había chiles! no sólo verdes serranos, sino además piquín y pajarito molido y seco (aunque no recuerdo qué nombre le ponían).
Ahí nos dio hambre ( cómo si no!) y Ángel vio una fila de alemanes enorme (enorme la fila, los alemanes que vimos no eran muy grandes jajajaja), estaban todos comprando algo en una ventanilla muy chiquita. Nos acercamos y vimos que compraban salchichas que luego se comían de pie en unas mesitas empotradas a la pared. Nos formamos y copramos dos, cada una de un sabor diferente, pero ambas con mostaza…….qué ricas!, si van al mercado no dejen de probar la experiencia de mezclarse con los locales y comer con ellos
Es cierto eso de que se comen muchas salchichas, había un vendedor en la calle Zeil muy bien armado con su venta ambulante y aunque no fuera hora de comer, podías ver por todos lados a alguien hundiéndole el diente a una salchicha jajajaja. Una cosa que recomiendo es comerlas con sidra, a mi que me encanta la sidra, encontrarla ahí fue una agradable sorpresa….no sé cuántas me tomé en todo el viaje
Otra cosa curiosa fue que para comprar los timbres para enviar las postales tuvimos que comprarlas en unos grandes almacenes de la calle Zeil, eran como un Corte Inglés alemán que tenía instalado al final de la primera planta la oficina de correos :S Nunca la hubiera buscado ahí la verdad y si no llega a ser por un señor que nos encontramos en una esquina y que nos escuchó hablar en español, no hubiéramos dado con ella.
El señor paseaba un perrito y nos preguntó si podía ayudarnos. Nos contó que sabía español porque estaba casado con una española de Cataluña, pero el señor a decir verdad, parecía que había aprendido portugués porque lo hablaba con un acento rarísimo
Ese día en Frankfurt estuvo muy completito, con toque de pánico y todo jajaja. En la tarde, cansados de tanto caminar y deseosos de tomar un cafecito, vimos un centro comercial de dimensiones descomunales y entramos. En la última planta estaban instalados los restaurantes y como todo era cristal, supusimos que habría buenas vistas. Subimos……subimos…….subimos y subimos, hasta llegar a lo más alto. Nos sentamos y mientras Ángel se tomaba su nieve y yo un café, sonó una voz en todo el centro comercial, como hablaba en alemán no entendimos nada, pero al ver que todos se ponían nerviosos ‘paramos oreja’, nada! ni media palabra pero para ese momento todos se levantaron de las mesas y empezaron a caminar muy rápido hacia las escaleras eléctricas hasta los que vendían la Wii en una islita!.
Yo ya me empecé a preocupar de verdad y le pregunté a la mesera que qué pasaba, me dijo: es que dicen que bajemos inmediatamente a la planta baja, que hay que desalojar el edificio :S whaaaaaat???, por qué?? y me dijo: no lo han dicho pero hay que salir ya!
Montones de personas bajábamos las escaleras, todas las tiendas bajaban las cortinas metálicas y hasta los restaurantes llenos desalojaban a los clientes para cerrar las puertas. Al llegar a la planta baja (15 minutos después), todo parecía normal. La gente en la acera miraba para adentro curiosa y todos salíamos, pero al llegar abajo vimos que todos con cara de alivio volvían a entrar……WTF! qué pasó? que alguien me explique! jajajaja nos quedamos con la duda pero volvimos a subir y seguimos con nuestro cafecito.
Podría contarles las visitas a los lugares típicos de la ciudad, pero les juro que son tal y como los describen y de los que se han escrito tantas cosas, así que prefierí contar lo que nosotros vimos.
Hay que ir a Frankfurt, con un día o un día y medio bien aprovechado, bastará para conocer una de las ciudades más importantes de Europa y que fue catalogada como la ciudad más rica en el año 2001, sede del Banco Central Europeo y ciudad que registra la mayor cantidad de extranjeros en Alemania, sin embargo, lo mejor estaba por llegar.
Ya contaré Heidelberg
Saludos Momis, me emociona leer ese tipos de relatos, de verdad!!! y sabes por que, por que dejo volar mi imaginación y creeme que hasta te vi bajando las escaleras con cara de preocupación, jijijijiji.
Saludos desde la ciudad del cabrito y el machacado con huevo.